miércoles, 11 de agosto de 2010

La estrategia del desgaste

Foto El Deber
El Gobierno negó enfáticamente que su intención sea provocar que la movilización potosina se agote en el desgaste. Afirma que su único propósito es evitar que gente inocente siga sufriendo las consecuencias de la huelga general indefinida y el bloqueo de caminos decretado en esa región y por eso demanda que, para iniciar el diálogo, necesariamente se deben abandonar las medidas de presión.
Sin embargo, ya se ha hecho común en el Gobierno adoptar la misma estrategia: Primero se desentiende del conflicto, asegurando que éste responde a dos regiones, a dos sectores o a dos federaciones campesinas.
Y este primer paso generalmente se sostiene hasta que la situación se torna insostenible. Así ocurrió en Caranavi, donde el conflicto sólo cesó después de dos muertes y en Uncía, donde las cosas llegaron al extremo de que el último de los policías pudo haber salvado la vida si las autoridades hubieran intervenido oportunamente.
Finalmente, el tercer paso de este patrón de abordaje de los conflictos termina con la intervención de un tercero. En el primer caso se trató de una intervención, casi mesiánica, del Presidente Evo Morales, que hizo en dos segundos lo que sus ministros no pudieron hacer en dos semanas. En Uncía, la Iglesia Católica tuvo que conversar con los ayllus y logró recuperar los cuerpos, con ayuda del Defensor del Pueblo.
El Gobierno nos ha acostumbrado también a ponerse del lado del ciudadano de a pie e implorar soluciones para los conflictos, como si los ministros no fueran responsables de la administración del Estado y de la convivencia pacífica entre bolivianos. Resulta, pues, que los ministros son tan comunes y silvestres como cualquiera de nosotros, con una sola diferencia: los apetitosos sueldos y privilegios que otorgan las posiciones de poder.
No obstante, esta estrategia fracasó en las dos ocasiones en las que fue aplicada durante esta gestión, dejando heridas difíciles de cicatrizar.
Si es verdad que el Gobierno ha invertido en Potosí más que en ninguna otra región, si es cierto que el aeropuerto internacional de Uyuni será una realidad hasta fin de año, si están avanzadas las gestiones para que el complejo de Karachipampa resuelva efectivamente sus dificultades, nada es tan simple y ejecutivo como ir al lugar del conflicto, convocar a las organizaciones sociales y dejar en evidencia a los dirigentes radicales que están atizando el conflicto.
Pero el Gobierno prefiere continuar fracasando. ¿Esperará a que Oruro consume sus amenazas de asumir las mismas medidas de presión que Potosí? ¿Esperará a que grupos vandálicos aprovechen la situación y comiencen a atacar a la población, como ocurrió en otras ocasiones? ¿Arrinconará de tal modo a los bloqueadores, que la misma población se enfrentará con ellos, con todos los riesgos que ello implica? Y cuando todo eso ocurra, ¿se sentirá justificado para intervenir con la fuerza pública? Si las cosas ocurren de este modo, por supuesto, la estrategia del desgaste habrá rendido frutos, pero perjudicando al actor equivocado: al propio Gobierno.

martes, 10 de agosto de 2010

Ojalá

Foto de 24.com.bo

“Evo malo, ya no tengo lechita para mi mamila. Ven a Potosí a solucionar el paro”, rezaba un cartel sostenido por una niña de unos tres años. La nena parecía gritar la leyenda de la pancarta que agarraba con la mano en alto y, por ello mismo, la fotografía –publicada en el portal 24.com.bo- era absolutamente conmovedora.

Como conmovedor es también ver por televisión al Gobernador de Potosí, el masista Félix Gonzalez, suplicando al Presidente Evo Morales dialogar a la brevedad posible porque la gente está “peleando por comida en Potosí”. Y al vocero del Presidente, Iván Canelas, asegurando que el Gobierno “se está rogando” –textual- a los dirigentes potosinos para iniciar el acercamiento.
Todo pareciera anecdótico, pero no lo es. “Las demandas son totalmente atendibles”, “se ha invertido en Potosí”, dice el Gobierno, pero no convence, porque la pobreza potosina lacera el corazón de los bolivianos. La gente, incluso aquella afín al Gobierno, mira todo sin entender el por qué de tanta ceguera y tanta soberbia, una soberbia que durante los gobiernos neoliberales se expresaba en el argumento de que no se puede negociar bajo presión y que hoy, sin ningún desparpajo, repiten ciertos ministros del proceso de cambio.
Lo que definitivamente entra en el campo de la alerta y del riesgo es la presencia de extranjeros atrapados por el conflicto. El Gobierno no debería olvidar que fue exactamente así como empezó la debacle de Gonzalo Sánchez de Lozada y que en Potosí existe población minera, armada con dinamita, que en cualquier momento puede encender literalmente el conflicto y convertirlo en un camino sin retorno.
Y si bien es cierto que existe intransigencia en la dirigencia cívica de Potosí, también es evidente que esa radicalidad no encontraría eco si no estuviera tan arraigado en la gente el convencimiento de que abandonar las medidas de presión es condenar a una movilización a las dilaciones y la postergación. Está claro que Potosí no aceptará que sus demandas sean nuevamente condenadas a los proyectos y financiamientos que nunca se concretizan en obras y fuentes de trabajo.
Mientras tanto, el país se encuentra en vilo, conmovido por las imágenes y los testimonios de aquella gente que nunca más quisiéramos ver sufrir. Aterrado porque en cualquier momento, dada la improvisación evidente en el manejo de conflictos, esto pudiera empeorar con lamentables consecuencias para todos.
Y ojalá que los extranjeros puedan salir del lugar del conflicto y no sea necesaria una intervención armada, como en octubre de 2003. Y que los piquetes de huelga no sigan multiplicándose, como ocurrió en octubre de 2003. Y que el Presidente escuche las alertas de instituciones como el Defensor del Pueblo, cosa que no se hizo en octubre de 2003. En fin, ojalá que el pueblo no reaccione como reaccionó en octubre de 2003 y que este texto no sea más que agorero pesimismo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Da Capo



Me encanta la vocalista, porque es mi prima, ja

Estrategias equivocadas

Foto: Portal Erbol Noticias

El Gobierno parece no querer aprender de las lecciones del pasado reciente e insiste en enfrentar los conflictos con estrategias claramente equívocas. Eso es lo que sucedió con Potosí, que ayer, de manera sorprendente, demandó separarse del país y declararse federal.
Potosí fue y, esperemos, siga siéndolo, el crisol de la nacionalidad boliviana. Este departamento entregó sus pulmones, literalmente, para el desarrollo de nuestro país, y, en su generosidad, no demandó para su propio desarrollo nada más que lo estrictamente necesario.
Por ello es tan dolorosa la pobreza que aún hoy presentan regiones como Catavi, Llallagua y Siglo XX, aquellos centros mineros del esplendor de la Corporación Minera Boliviana (COMIBOL) y del estaño, gracias a cuya explotación se desarrollaron las ciudades bolivianas, se construyeron carreteras y caminos de conexión con el oriente y se viabilizó la explotación de hidrocarburos.
Ahora, que Potosí reclama los proyectos que le permitirán su desarrollo, el Gobierno ignora el pasado que fue parte fundamental de su discurso para sustentar la necesidad de un cambio.
Alarma la miopía actual del Gobierno, la enajenación y el consentimiento en aplicar una receta que en el pasado reciente ya dio muestras de sus catastróficos resultados. Y esta estrategia es ignorar el conflicto y desentenderse de él hasta que éste estalla en virulentas muestras como la demanda de separación de Potosí de nuestro territorio.
Con evidente soberbia, los ministros minimizan los conflictos, se niegan a acudir a las zonas donde éstos se desarrollan y evitan el encuentro con las organizaciones sociales, como si éstas no fueran la base social que los sustentan y las primeras interesadas en defender el proceso de cambio.
El mismo Gobierno asegura que el problema es un disfraz de otros intereses y apunta hacia los partidarios del alcalde René Joaquino. Por lo tanto, trasciende la fachada del conflicto de límites con Oruro. Entonces, ¿por qué no ir a la región y explicar eso a las organizaciones o convocarlas a Palacio de Gobierno? ¿Por qué esperar, como se hizo en Caranavi, hasta que el conflicto cobre vidas? Ambas regiones, Potosí y Caranavi, votaron mayoritariamente por el Movimiento Al Socialismo (MAS), por lo tanto, se sienten con el derecho de exigir la presencia de las autoridades. Y la ciudadanía no conoce los entretelones ni los intereses que se juegan: ella interpreta que el Gobierno se niega a llegar a Potosí. ¿Será necesario que el Presidente Evo Morales llegue al país y convoque a los dirigentes de Potosí para resolver las cosas como lo hizo en Caranavi? Aparentemente sí. Lo peligroso es el cúmulo de heridas que estos procesos dejan antes de encontrar solución.

martes, 3 de agosto de 2010

Casi cotidiana


El viernes cerré una semana negra, con equivocación de amauta incluida. Me fui a una fiesta, para ahogar la metida de pata y el sábado, después de cerrar edición me fui a la entrada universitaria. Resultado de todos esos desmanes, el domingo estaba apaleada, pero ayer, definitivamente, no podía levantarme. Otra vez caí resfriada y a punta de antigripales logré trabajar a medias hoy. Estoy esperando mi tapa y después vuelvo a mi cama, no hay otra.

viernes, 30 de julio de 2010

Pugnas internas

Foto del portal de Radio Fides

El pasado jueves, el Vicepresidente Álvaro García Linera admitía la necesidad de un “rearme ideológico y político” al interior del Movimiento Al Socialismo (MAS), como una opción para solucionar viejos problemas internos que se vienen arrastrando desde hace mucho tiempo, según el segundo mandatario del país.
Y aunque García Linera aclaraba que las fisuras o divisiones al interior del partido de gobierno “son el gran sueño de la derecha” y ratificaba que existe “una unidad monolítica” de los masistas alrededor del Presidente Evo Morales, aparentemente, la claridad política del Vicepresidente daba en el clavo.
Un rearme político e idoelógico, capaz de organizar a los masistas en torno a un programa de Gobierno coherente, es, quizá, el primer paso para enfrentar los actuales problemas y evitar los riesgos futuros que se avizoran.
No es casual que Caranavi, una región todavía herida por los luctuosos enfrentamientos ocurridos entre abril y mayo pasado, haya sido escenario nuevamente de enfrentamientos entre dos grupos de masistas, uno de ellos claramente motivado por espacios de poder.
Y además del rearme programático, los dirigentes nacionales del MAS y del Gobierno, deberían poner coto a desmedidos apetitos personales que no sólo están dañando a las organizaciones sociales y sindicales, sino que están perjudicando seriamente a la gestión de Gobierno, desgastándola en pugnas internas particulares.
El Gobierno debería llamar a la sensatez al senador Fidel Surco, uno de los principales promotores del conflicto ocurrido en Caranavi. No haberlo hecho a tiempo provocó que otras 16 personas terminaran heridas el jueves, tras un enfrentamiento entre dos grupos de colonizadores a causa de los intentos de Surco de crear una federación paralela, según reportaron los medios de comunicación al difundir la información.
Esa versión tiene coherencia si se toma en cuenta que Surco atraviesa por una grave crisis personal de liderazgo, toda vez que fue expulsado de su partido por el congreso del MAS paceño. Aunque él lo desmintió, lo que se sabe es que la resolución de expulsión fue efectivamente tratada en ese evento y el nuevo ejecutivo se la llevó consigo sin que quedara claro si fue aprobada o rechazada. Independientemente de esta situación, lo que se evidenció en el encuentro de masistas paceños es que Surco ya no goza de la confianza de las bases de La Paz, quienes lo responsabilizan por uno de los hechos más comprometedores de la gestión de gobierno durante este año.
El Gobierno debería estar consciente de que no se trata sólo de personas ni de situaciones aisladas. Esos hechos comprometen, también, a la gestión de Gobierno que, por lo demás, bastante trabajo tendrá para enfrentar la inflación generada por los desastres naturales en los próximos meses, pues la merma en los bolsillos de la población por el aumento de precios es el peor enemigo no sólo de Evo Morales, sino de cualquier presidente.

miércoles, 21 de julio de 2010

Otra vez las decisiones

Cada vez que espero que me lleguen páginas para editar me dispongo a escribir en mi pequeño espacio, pero suena el interno y me lo impide. Lo hizo otra vez, hace apenas algunos minutos, pero decidí sacrificar un poco mi descanso nocturno para saludar y decir que no me morí, sino que realmente no puedo escribir por el momento.
Hace algún tiempo compré una computadora, con la firme decisión de escribir en el blog desde mi casa, pero la mera verdad, hasta ahora ni siquiera he podido probar el teclado del nuevo juguetito.
Hace algún tiempo, también,decidí hacerme cargo yo de la casa y me dispuse a lustrar pisos, limpiar alacenas, desempolvar cajones y ordenar un poco el grave desorden al que me sometió María, la compañera que me ayudaba y terminó cobrando el triple en conversaciones telefónicas con su chico, y el dulce trabajo que entonces tenía que me absorbía como un vampiro toda la energía de la que podía disponer.
Pero hace unos días me pregunté qué carajos hago yo limpiando, cuando podría hacer algunas cosas un poco más productivas, como leer o recuperar los momentos de ocio como éstos, que tanta falta me hacen.
Así que me puse en campaña y, porteros de por medio, encontré una nueva compañera, a la que le prohibí utilizar el teléfono para llamadas a celular y que sólo irá a mi casa algunos días de la semana, los suficientes para mantenerla decentemente limpia, mientras yo me dedico, como antigua filósofa griega, a decidir qué quiero hacer con la otra mitad de vida que me queda, si es que no es menos por decisión de arriba.
Y la nueva compañera llegó hoy, llena de energía, a sorprenderme limpiando en un día todos los pisos que yo me demoraba una semana en limpiar.
Y con mi casa oliendo a cera nuevita y mis armarios con todos mis conjuntos dispuestos y mis cuadernos prestos a ser revisados, emprendí esta nueva etapa, en la que me juré nunca más desperdiciar el tiempo en labores domésticas por las que pueda pagar, mientras pueda pagar. Cuando no pueda hacerlo, seguramente mis hijos serán más grandes y junto a su padre, habrán aprendido a valorar, tarde como yo, lo que cuesta el orden y la limpieza y les dolerá dejar una colección de vasos en sus mesas de noche, sus zapatos tirados debajo de sus camas, panes mezclados con ropa interior en sus cajones, y prendas lavadas y planchadas por mis manos, dobladitas dentro de los tachos de ropa sucia junto a libros, periódicos y hojas desperdigadas por todas las habitaciones.
Si eso no llegara a suceder jamás no seré yo la que habré perdido, así que bienvenido frío polar, me enseñaste la lección.
Pero en realidad la urgencia por conseguir a alguien que me ayude se debía a que necesitaba un ratito para echarme en mi cama sin pensar que tengo que limpiar el piso, qué putas cocino hoy ni cuánto demoraré en limpiar la cocina para calcular el tiempo y cambiarme para ir a trabajar. Ese tiempo chiquitito que necesitaba, me sirvió tanto hoy, que decidí aceptar un nuevo desafío laboral. Ya puse las cartas sobre la mesa y si la oferta salarial es aceptada -por ellos, no por mí- desde la próxima semana no tendré tiempo ni para atender este interno que no me deja escribir, y menos para pensar en el extreme make over que debo hacerle a mi casa.
Estás en lo mismo, me dirán ustedes, pero sólo yo sé cómo el orden y el olor a cera nuevita de mis pisos me motivan a avanzar.
Voilá.