lunes, 17 de enero de 2011

FE



¿Cómo no creer en la vida con sólo mirarla?

Felicidades, querido hermano


¿Qué eres para nosotros?

Un fabuloso TIO. Un gran HERMANO. Un buen HOMBRE. Un excelente AMIGO. Un COMPAÑERO de CAMINO. SABIO e INDEPENDIENTE. SALVADOR de vidas. Y de huesos y corazones ROTOS.
Por todo eso te deseamos MIL FELICIDADES en tu cumpleaños.
Tu hermana y sobrinos Melendres Otero.

sábado, 15 de enero de 2011

Más vale prevenir

Y bueno, para que ustedes no piensen también que soy la tía del lunar en la nariz,
De todo corazón, con esta foto de Sonia Castro, que me encantó.  

viernes, 14 de enero de 2011

Yo no sé mañana

Yo no me había percatado hasta que le conté lo que pasó a una de mis mejores amigas. "Oye, tus diciembres son desastrosos", me dijo y, después de pensar un poco, estoy convencida que mis últimos diciembres han sido francamente malos. El ocho de diciembre desperté de un sueño medio extraño, algo así como un presentimiento. Cuando llegué a mi oficina, estaba esperándome mi memorandum de despido. Fue todo tan intempestivo, que lo único que logré hacer, en medio de la confusión, fue firmar el memorándum. Bendita la hora en que lo hice, porque cuando se dieron cuenta de lo que habían hecho ya era muy tarde, yo ya había ido a que me dijeran cuánto era lo del finiquito, había asumido mi destitución, había hablado con el directorio, es decir, había recorrido un camino sin retorno.
Y bueno, sí, la indemnización sirve, es un dinero inesperado que agradezco. Y sí, sé que conseguiré trabajo pronto, que no debo preocuparme, que hay que tener paciencia y muchas otras cosas que a esta altura se han convertido en verdades de perogrullo que no sacan de mi ánimo esta sensación de descontrol.
Haciendo planes para un viaje al exterior, tomándome el tiempo para terminar de descansar lo acumulado el 2009 -sí, retroactivamente- y aprovechando para enseñarles inglés a mis enanos, intenté pasar el tiempo.
Tenía el propósito de escribir aquí lo bueno y el balance del año que pasó, pero ese plan fue cruzado por otro mejor: tomarme un vinito sola y escribir lo que se me ocurra. Total, por este pobre blog ya no se debe asomar ni mi marido.
No hubo mucho espíritu navideño por estos lares. Me rebelé en redondo a hacer la consabida picana, así que probé con otra receta que resultó un fiasco, como muchas otras cosas este último tiempo. Es que tenía todo, menos carbohidratos, es decir, papa, arroz, o fideo.
El 25 llegó el pelotón Melendres a mi casa. Me apena mucho que lleguen justo cuando estoy desanimada, cuando lo que menos quiero es estar de anfitriona y lo malo es que cuando no quiero, no quiero no más y soy la persona más aburrida que existe. Otra vez, desperdicíé la oportunidad de mostrarles mis cuadernos a mis sobrinas, de hacerlas mis cómplices, mis cuatas. Las dejé a su suerte y deben pensar que soy la tía mala, la del lunar en la nariz, el precio que deben pagar por venir a La Paz por unos días.
El domingo 26 fuimos todos a Copacabana pero mejor ni hablar del gasolinazo, así que paso de largo. El 31 de diciembre perdí mi celular. Había despotricado tanto contra el pobre blanquito que decidió abandonarme. Yo no contaba con que se iba a llevar toda mi agenda telefónica, así que me quedé desconectada del mundo. Por favor, mándenme por correo sus celulares para que pueda llamarlos y desearles feliz año nuevo, aunque sea en San Juan.
En la fiesta de año nuevo la pasamos bien, conocimos a otra pareja a la que le juramos amor eterno y hasta ahora no llamamos.
Hace unos días celebramos el cumpleaños de Chalinet, que estrenó nuevo corte de pelo igual que Abril, que quedó preciosa. Quise subir las fotos para compartirlas, pero resulta que presté mi cámara y me la devolvieron sin el cable USB, jurando por todos los santos que no, que no estaba cuando la presté. Así que tendré que esperar a tener los 33 dólares que cuesta el cable para poder subir las fotos.
Y claro, sí, compré otro celular, uno chino, por la tele y los dos chips, pero resulta que nunca lo pude cargar y cuando fui a devolverlo, el chico de la tienda mojó con su saliva su dedo índice, lo pasó por el contacto con la batería y el celular funcionó, así que me volví con él a la casa. Mi saliva debe ser de menor calidad, porque ni con ella quiere andar el desgraciado.
Entre año nuevo y hoy, me prometí como veinticinco mil veces que empezaría el año nuevo. Que elaboraría mi nuevo cuaderno, que me pondría las pilas, que arrancaría. Pero, después del pelotón Melendres, llegó la terre Camila, mi preciosa, y esperábamos iniciar los festejos a Sergei, plan que al final también se frustró. Ahora estoy esperando al Caballero, para ver si nos animamos a ir con Sergei, con Sammy o a la velada de la Kullaguada.
Al fin de cuentas, como dice el subtítulo de este blog, mi vida es lo que sucede mientras yo hago otros planes. No sé si tú, no sé si yo, seguiremos siendo como hoy, para qué pensar y suponer, no preguntes cosas que no sé, no sé dónde vamos a parar, para qué jurar y prometer algo que no está en nuestro poder, no me pidas algo que es del tiempo. Yo no sé mañana, si estaremos juntos, si se acaba el mundo, no sé si soy para ti, si serás para mí, si lleguemos a amarnos o a odiarnos, yo no sé mañana quién va a estar aquí. Yo no sé mañana, la nueva cancioncita que signará mi enero. Creo que mejor me acabo el vino aquí y me sigo deprimiendo rico. Esta vida es una ruleta que gira sin parar, yo no sé cómo será el final, puede ser peor o mejor, dejemos que el corazón decida, estamos solos tú y yo y los momentos hay que vivirlos.

lunes, 22 de noviembre de 2010

BELLA

Eran las diez de la noche de un día de fines de septiembre y yo me encontraba viendo esta película. La sonrisa me era familiar, como lo ratificará mi compañera de andanzas, de siempre, de vida: Sil, pero no podía decir a quién me recordaba, quizá porque me faltaba claridad, pues estaba ardiendo en fiebre por aquella bronquitis que hoy se tornó crónica.
Pero ella eligió despedirse así de mí, dejándome el recuerdo de la juventud de su alma, dejándome una estampa de lo bella que fue Bella, dejandome una huella de sus vivaces ojos y aquella sonrisa franca con la que me deleitó al reírse de las travesuras en las que me involucré con su hija.
Terminó la película y, mientras Bella se iba de este mundo y su hija, la hermana que no tuve, me llamaba por teléfono sin lograr comunicarse conmigo, yo me internaba en un profundo sueño, atiborrada de medicamentos antipiréticos y sin poder llenar mis pulmones de oxígeno.
Hoy encontré a Marcelo, el compañero de Bella y el padre de Sil. Bromista como siempre, hizo como que me empujaba y yo, imbuida en otro delirio, no febril sino cotidiano, me volteé a gritarle cuatro frescas a quien osaba chocarme con tanta fuerza, como si fuera yo la única persona en el mundo autorizada para andar como una autómata por la calle. Nos reímos como locos y prometimos encontrarnos pronto, para tomar un café. Luego cada uno tomó su rumbo.
Un segundo después de que nos despedimos, Abril me miró a la cara y me preguntó por qué lloraba. Volteó y miró a Marcelo, que terminaba de guardar el pañuelo en el bolsillo.
En medio del silencio, todos comprendimos. Bella se ha ido. En un segundo, Marcelo y yo nos encontramos en un lugar común. Un lugar que requiere mi presencia de manera frecuente en el último tiempo, un lugar que se llama dolor.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Para estar mejor

Foto. Vitonica.com

Quienes siguen este blog desde hace tiempo saben que soy medio cíclica y que, de pronto, me da por publicar post exclusivamente políticos y, otras veces, entradas existenciales. A veces, también, hago catarsis. En resumen, este blog no es temático y su único objetivo es quedar impreso y empastado, en algún momento, para que mi hija lo lea.
Hay muchas cosas que quisiera compartir, entre ellas, algunas cosas que encuentro a mi paso por la vida y que se convierten en recomendaciones valiosas, al menos para mí y espero también para mi hija. Por eso desde hoy instalaré una nueva categoría: Para estar mejor. A quienes no les interesa este tipo de cosas, sólo miren la etiqueta y si no les convence, pásenla.
Tener hábitos productivos

Hay tres pasos básicos para incluir buenos hábitos. El primero, según el sitio Tu imagen personal, es hacer una lista de los hábitos que quisiéramos tener.
En mi caso, por ejemplo, tomar un litro de agua al día, hacerme un masaje anti stress una vez al mes o comer una fruta diariamente.

Bueno, la lista ya está.

Si tu lista es muy larga o no dispones de mucho tiempo, el segundo paso es priorizar los hábitos más importantes y hacer las gestiones necesarias para incluirlo en tu vida.

Tendría que ir a comprar un envase de esos que se llevan al trabajo para llevar agua, comprar frutas para toda la semana esta tarde o averiguar dónde dan los masajes.

Una vez hecho esto, toca trabajar, es decir, anotar en la agenda o el celular una alarma que recuerde diariamente tu compromiso y cumplirlo. Dicen que un hábito demora exactamente tres semanas, según el sitio web, o 21 días, según otras personas, para arraigarse en las costumbres de una persona.

Así que tres semanas de tomar agua y comer una fruta diaria o 21 sesiones de masajes, en mi caso.

Cuando eso ha ocurrido, el último paso es celebrar los progresos.

Esta señora se premiará con una cena en un restaurante caro con su Caballero. Estarán al tanto.

La estrategia del desgaste

Foto El Deber
El Gobierno negó enfáticamente que su intención sea provocar que la movilización potosina se agote en el desgaste. Afirma que su único propósito es evitar que gente inocente siga sufriendo las consecuencias de la huelga general indefinida y el bloqueo de caminos decretado en esa región y por eso demanda que, para iniciar el diálogo, necesariamente se deben abandonar las medidas de presión.
Sin embargo, ya se ha hecho común en el Gobierno adoptar la misma estrategia: Primero se desentiende del conflicto, asegurando que éste responde a dos regiones, a dos sectores o a dos federaciones campesinas.
Y este primer paso generalmente se sostiene hasta que la situación se torna insostenible. Así ocurrió en Caranavi, donde el conflicto sólo cesó después de dos muertes y en Uncía, donde las cosas llegaron al extremo de que el último de los policías pudo haber salvado la vida si las autoridades hubieran intervenido oportunamente.
Finalmente, el tercer paso de este patrón de abordaje de los conflictos termina con la intervención de un tercero. En el primer caso se trató de una intervención, casi mesiánica, del Presidente Evo Morales, que hizo en dos segundos lo que sus ministros no pudieron hacer en dos semanas. En Uncía, la Iglesia Católica tuvo que conversar con los ayllus y logró recuperar los cuerpos, con ayuda del Defensor del Pueblo.
El Gobierno nos ha acostumbrado también a ponerse del lado del ciudadano de a pie e implorar soluciones para los conflictos, como si los ministros no fueran responsables de la administración del Estado y de la convivencia pacífica entre bolivianos. Resulta, pues, que los ministros son tan comunes y silvestres como cualquiera de nosotros, con una sola diferencia: los apetitosos sueldos y privilegios que otorgan las posiciones de poder.
No obstante, esta estrategia fracasó en las dos ocasiones en las que fue aplicada durante esta gestión, dejando heridas difíciles de cicatrizar.
Si es verdad que el Gobierno ha invertido en Potosí más que en ninguna otra región, si es cierto que el aeropuerto internacional de Uyuni será una realidad hasta fin de año, si están avanzadas las gestiones para que el complejo de Karachipampa resuelva efectivamente sus dificultades, nada es tan simple y ejecutivo como ir al lugar del conflicto, convocar a las organizaciones sociales y dejar en evidencia a los dirigentes radicales que están atizando el conflicto.
Pero el Gobierno prefiere continuar fracasando. ¿Esperará a que Oruro consume sus amenazas de asumir las mismas medidas de presión que Potosí? ¿Esperará a que grupos vandálicos aprovechen la situación y comiencen a atacar a la población, como ocurrió en otras ocasiones? ¿Arrinconará de tal modo a los bloqueadores, que la misma población se enfrentará con ellos, con todos los riesgos que ello implica? Y cuando todo eso ocurra, ¿se sentirá justificado para intervenir con la fuerza pública? Si las cosas ocurren de este modo, por supuesto, la estrategia del desgaste habrá rendido frutos, pero perjudicando al actor equivocado: al propio Gobierno.