martes, 30 de octubre de 2007

Constituyente Q.E.P.D.

Una Nava, el otro Cava. En las Costas Podemos, con nuestro Marinkovic, dijeron y bueno, ahí está.
Sus manos preparan el estuco que pondrán en la sepultura.
Constituyente: Q.E.P.D.

Los bolivianos estamos de duelo. Algunos lo sentimos más que otros. "Pero si ayer no más yo marché por ella", decimos algunos, consternados.
"La secuestraron, la maltrataron y, finalmente, la mandaron a Oruro", dicen los periodistas de crónica roja, paradójicamente, los únicos que informan la verdad en este tema.
"Tan bonita, tan chiquita", cantan los villeros, en medio de llantos embriagados.
"Yo no fui", responden los de la vista gorda, en un karaoke cruceño.
Mente afiebrada por el dolor. No hay espacio para la resignación.
Los minutos pasan, y no hay señales de recuperación.
Existe un equipo de médicos residentes, inexpertos, dándole respiración artificial en la sala de terapia intensiva de la Vicepresidencia.
Afuera estamos unos cuantos, que nos resistimos a vestirnos de negro. Quizá si le damos nuestro apoyo, si salimos a las calles a demandar que siga viviendo, se recupere del coma.
No, mejor no. Mejor recurrimos a la medicina tradicional.
Compañeros indígenas, los necesitamos, sólo ustedes podrán otorgar el aliento de vida necesario a esta niña.

lunes, 29 de octubre de 2007

Intrascendencias vitales

Chalito metió a su figurita de la lápida sorpresa en una bolsa de botellas de singani. Cuando nos dimos cuenta, él y su hermana estaban a punto de cortar la bolsa, cosa que evitamos a los gritos su papá y yo. Nos miró con cara de desesperación, pero vio que no cederíamos. Entonces dejó la tijera a un lado y se fue rezongando a su cuarto. Su papá le dijo que él sacaría el juguete, cuando tuviera tiempo. Otra vez ojos angustiados, esta vez con algo de bronca. “Yo voy a sacar mi serpiente”, nos amenazó y ni corto ni perezoso apareció con una lanita blanca, que empezó a meter a la bolsa. ¿Me lo como a besos? Pensé. No, mejor se lo saco yo. Rescatamos la serpiente.
El domingo, Nata y Chalo van con la familia a almorzar. Los dos con sus juguetitos de la lápida sorpresa. Chalo lo mete al florero. Lo sacamos. Lo mete después al panero. Lo sacamos. “Lo vas a perder”, le advertimos. La última vez que lo vimos, el juguete estaba en el borde de su plato. El mesero levanta todo en la mesa, incluido el plato y, por supuesto, el juguete. Chalo llora. Entra a la cocina, cientos de platos. El juguete se ha perdido. Chalo sigue llorando. No hay nada que hacer. “Ustedes deben estar agarrando mi juguete”, nos acusa. “No”, le respondemos. Vuelve a llorar. El juguete no existe más. Chalo llora desconsolado. El corazón de su mamá se abate en la duda: ¿Le enseñamos la lección o solucionamos todo comprándole otra lápida sorpresa? ¿Qué harían ustedes?

domingo, 28 de octubre de 2007

Preguntita

"Actualmente, la vida es más fácil. Antes los llevábamos al parque. Ahora al Internet"
(Sabiduría de Roboré)
Pdta. Si no fuera así no podría escribir esto, pero por qué me siento así, no sé..

viernes, 26 de octubre de 2007

El paco

Reunión el lunes. Preparar propuesta. I. tiene que hacerla, pero no me llama. A. me escribe, debo viajar la próxima semana, pero también me operan, ¿cómo hago? ¿Cuándo viajo? Bueno la subsiguiente semana, pero es mi cumpleaños ¿otra vez lejos de mis hijos? No, no se puede. Entonces tiene que ser esta semana, no hay otra. Pero hay que hacer las propuestas de diseño para las publicaciones. ¿Cómo me divido? Tendrá que venir mi mamá. ¿Y si agarro a todos y me los llevo a Uyuni? Bestia. No hay plata para la operación y va a haber para ese viajecito. No sea bruta, oiga. Pero no sería mala idea ¿no? Pss, la verdad, no. Viene Halloween, qué cosa más odiosa, ésa, la de prestarse festividades. ¿Y si los llevo mejor al cementerio y después a la fiesta de las Ñatitas? Me sentiría mejor yo, ¿no ve? Pero no, pss, ellos quieren su Halloween y encima se compraron sus Lápidas sorpresa, para el pinche juguetito ése. Me dio risa, realmente un pinche juguetito y seis pesos, la tontería. Uy, me olvidé. La prince tiene mañana su examen final. Son las siete menos veinte. Debo coserle una falta plisada fucsia. ¿Y ahora? ¿No tendré alguna falda fucsia? Qué voy a tener si odio ese color. Comprar no más. ¿Y la máquina de coser? ¿Y si no funciona? Ya sé, la pego con Isocola, pues. Si es para un ratito. Pucha, ¡siete menos cuarto! Y no hay nada de la propuesta. ¿Qué hago? ¿Cómo era que se hacían las faldas plisadas? Un rectángulo largo, la pretina y luego, bueno a lo que sea va a tener que ser. Gracias abuelita, por enseñarme a coser. ¿Qué estaría haciendo ahora sino fuera por ti? Mi mamá me diría "eso te pasa por hacer las cosas a última hora". Bueno, también tiene razón ¿no?
Oye, ¿y el enano? Tiene también examen. ¿Era un clarinete, no?. Hilda, ¿es un clarinete? ¿Y de dónde $%&%$*&%$ saco a esta hora un clarinete?. Tereteretetete. Y vestido “de payasito”. Como si no fuera ya lo suficientemente payaso, encima me lo disfrazan. Siete menos diez. Uyuni, la propuesta. Claro, puede ser Siglo XX y Catavi también, pero serían más días. ¿Y si me indispongo? No ps, no queda otra, son cinco publicaciones, además del taller. Esta semana tiene que ser. ¿Y ahora qué hago? Se van a cerrar las tiendas de tela. Estas profesoras, como si la que tuviera que dar examen fuera yo. ¿Por qué no me casé con un hombre rico que me mantenga? Así hubiera estado en mi casa, al lado de mi perrito Fifí, o mejor arreglándome el cabello, ¡pucha que está feo! Ya, a ver, ubíquese. Qué hago primero. La tela tiene que ser. Voy a tener que volver después de comprarla. O sea mala noche, cosiendo falditas plisadas y haciendo pelucas de payaso. ¿Y Evo Pueblo? ¿No quedé en que iba a ir? Pero a noche, tendría que ser. No, no voy a poder. Ni modo, tendrá que ser mañana, no más. Pero los chicos tienen dos cumpleaños. ¿Y de que irán disfrazados al del domingo? ¿Por qué todos los cumpleaños son fiestas de disfraces últimamente? Las siete. Yap. Las tiendas cerradas. Si no voy ahora, no llego. No llego. ¿Y la propuesta?
¡Auxiliooooo! ¡Necesito un semáforo para mis pensamientos! No mejor un barita, ¿o es varita? Bueno, si es varita, entonces que sea mágica. Éso es lo que necesito.

Foto de www.eldiariony.com

jueves, 25 de octubre de 2007

Huellas de mi paso por la vida

¿Quién es una verdadera compañera?

- La que te mira a los ojos, se toca el mentón y te suelta la franqueza en cuatro palabras.
- La valiente madre, que saca a su hija adelante sola, sin depender de nadie.
- La que trabaja, se esfuerza y lo logra, diariamente.
- La que ríe, echando la cabeza para atrás, con una amplia carcajada.
- La que llora, siempre para adentro y sin que sus ojos derramen una lágrima, salvo cuando es inevitable, o sea una vez cada década, más o menos.
- La que militó conmigo, hizo huelgas de hambre conmigo, bloqueó calles conmigo, tiró piedras conmigo y todavía sigue ahí, conmigo.
- Y también la que, el 22 de enero de 2006, estuvo conmigo, apretujadas las dos, festejando el cambio y llorando, sí, porque creímos que nuestra lucha revolucionaria, las gasificaciones, las huelgas, las marchas, el periodismo, eran una inversión cuyos frutos sólo disfrutarían nuestros hijos o quizá nuestros nietos, pero los estábamos viendo allí, en la Plaza de los Héroes, sin poder creerlo.
- La que, el día del estado de sitio que decretó Goni para imponernos la capitalización, estaba conmigo, tomando ron, extranjeras del mundo y del universo, mientras su esposo la buscaba por todas las prisiones y retenes policiales.
- La que, ignorante de todo, inventó una historia fantástica y chilindrinesca, diciendo que estaba cubriendo el estado de sitio y que a eso se debía su demora, hasta que su esposo le dijo "a partir de hoy somos sólo amigos".
- La que, con esa aventura, nos da tela para reír incluso veinte años después, al preguntarle ¿Cómo está tu amigo?
- La que fue encerrada en un círculo rojo en una foto que le fue expuesta a su padre, militar.
- La que pedía un peso prestado, como yo y todo nuestro grupo, para reunir, peso a peso, el monto para unas seis cervezas en el Chuquisaca.
- La que me golpeó y también recibió, en el puesto de los dulces de la Universidad.
- La que con todo el amor preparó el ajuar para su Alejandra, sin saber que la iba a perder.
- La que concibió a su Gabriela y luchó, dispuesta a vencer la batalla y lo consiguió.
- ¡La que se fue a Santa Cruz! Triste como yo, decepcionada como yo, pero dispuesta, como yo, a enfrentar el más fascinante viaje hacia nosotras mismas.
- La que, al conocer a mi compañero, vaticinó infausta, que él sería mi marido.
- La que hoy, veinte años después, sigue siendo mi amiga.
Sí, ésa sí es una verdadera compañera y hoy está de cumpleaños, así que muchas felicidades, Sil y que la vida te dé lo que mereces y mucho más.(Y a mí que me dé el privilegio de seguir siendo tu amiga, ya?)

miércoles, 24 de octubre de 2007

El regalo más atesorado

Dicen que Dios cría a los escorpiones y ellos, solitos, se juntan. Y debe ser verdad, porque muchos de mis amigos son escorpiones como yo. Lo son también, mi compañero y mi hija. Y el mejor amigo de mi compañero y mi mejor amiga. Y aunque somos el signo más temido del zodiaco y yo no creo un ápice en las predicciones astrológicas ni en los horóscopos, sí sé que cuando alguien me dice que es Escorpión, mi corazón da un vuelquito.
Y que cuando era soltera, mi cumpleaños era un acontecimiento. Mis compañeros de la Universidad me acostumbraron a festejar “la víspera”. Aparecían varios en mi casa sin avisarme, y comenzaba la celebración. A veces yo ni siquiera estaba, pero la fiesta se realizaba igual.
Una vez, incluso, había tanta gente en mi casa, que al día siguiente parecía que habíamos sobrevivido a un terremoto. El tanque del baño roto. El piso hecho añicos. ¡Hasta huellas de zapatos en el techo había! Y como nada daba abasto a esa marabunta, aparecían cajas y cajas de cerveza que mis “invitados” se compraban, para aprovechar la música y el local, o sea mi casa.
La cosa cambió un poco cuando conocí a mi compañero. Ese cumpleaños fue el único en mi vida en el que me iban a dar una serenata, pero justo a la misma hora se me ocurrió limpiar el balcón y arruiné la sorpresa. No hubo serenata, pero sí hubo guitarreada.
Y bueno, hace ya una década de eso. Desde entonces, nunca más festejé mi cumpleaños en el día y se institucionalizó la “víspera”, que es el día que cae al medio del cumpleaños de mi compañero y del mío.
El más triste/feliz de mis cumpleaños, sin embargo, fue el del año pasado. Los amigos aparecieron el sábado porque yo debía partir hacia la marcha indígena. Y me pasé la víspera viajando, para llegar, en la madrugada del día en que nací, a Chimoré. De ahí, debía llegar a Ivirgarzama, pero paré a desayunar. En el snack en el que estaba había un televisor y, como no podía ser de otra manera, estaba anclado en Unitel.
De pronto la frase retumbó en mi cabeza: “Embistieron a la Marcha Indígena”, decía el titular. Un conductor, aparentemente dormido al volante, se había llevado encima a once marchistas. Uno murió en el acto. Otra estaba al borde de la muerte. Salí corriendo, sin pensar. Abordé la primera flota que pude y llegué a Ivirgarzama. Allí encontré un compañero Ayoreo, “venga, venga, doctora”, me dijo y corrimos al hospital. Allí encontré a los heridos y lloré con ellos. Y no dejamos de llorar hasta que llegó la columna central. Y seguimos llorando, cuando trajeron al conductor. Y se hizo de noche, y volvimos a llorar, cuando la segunda compañera dejó de resistir. Y después también, durante todo el velorio.
Había pasado mi cumpleaños. Después de dormir unas cuantas horas, me desperté sintiendo todavía el dolor, un dolor que se despejó de a poco, cuando me vi entre ellos. Caí en cuenta entonces, de que la vida me había dado el mejor regalo. Me dio la oportunidad de pasar mi cumpleaños compartiendo el sufrimiento de los seres a quienes me debo y eso, para mí, no tiene precio.