viernes, 23 de noviembre de 2007

De cuando vi a dos hombres llorar

La Radio la Voz del Minero es una de las radios más antiguas de Bolivia. Acaba de cumplir, el 31 de octubre pasado, sesenta años.
Desde 1947 sus emisiones acompañaron a los mineros de Siglo XX y Llallagua. Junto al Sindicato de Trabajadores Mineros de Siglo XX, esta radio resistió todos los embates. Desde las masacres organizadas por Simón I. Patiño, para evitar la organización de los trabajadores, hasta los cruentos golpes militares que, una y otra vez, la destrozaron, destruyendo equipos y materiales. Mudo testigo de su historia es el edificio del Sindicato, una mole de cemento que, a pesar de los militares, continúa intacto en la Plaza del Minero de Siglo XX.
En este edificio todavía están, a la vista de todos, las huellas de los proyectiles con los que intentaron derrumbarlo y los múltiples disparos que horadaron su estructura, ahora rellenados con cemento.
Ni todas esas balas juntas hicieron con la radio y con el sindicato lo que hizo Víctor Paz Estenssoro con la relocalización y el decreto 21060. Ni todos los dictadores, unidos y menos por separado, habrían logrado lo que aquella nefasta medida hizo con los mineros.
Lo saben los dos Félix que viven en Siglo XX y que, coincidentemente, trabajan en las dos radios más importantes de este distrito minero.
“Habían unos camiones que se paraban en la plaza”, relata Félix Torrez, Director de Radio Pío XII y, enseguida, este hombre moreno, de negra y lacia cabellera, baja la vista. Con un profundo suspiro intenta disimular las lágrimas que ya corren por sus mejillas. Mira hacia atrás. Allí, en el horizonte está el monte desolado y se logra divisar Llallagua, el pueblo que ahora es municipio y que sustenta a Catavi y Siglo XX con los fondos de coparticipación popular. Félix Torrez vuelve a suspirar. Toma una bocanada de aire y aunque le cuesta respirar, continúa: "Esos camiones estaban allí para llevar a la ciudad a las familias mineras. Una por una, las hemos visto irse, con sus pocas cositas, con sus ollas y sus frazadas. Con los niños asustados, con los amigos que quedaban en el pueblo…"
El Director de la Radio La voz del Minero, Félix Terceros es, en apariencia, menos sensible. Él nos señala los huecos del edificio del sindicato. "Miren, esto hicieron los militares. ¿Mira allí, al centro, un hueco como desportillado? Eso fue lo más duro, pero resistimos. En 1966 vinieron los militares, al mando de Barrientos y muchos mineros tuvieron que irse clandestinos. Cuando el Che…" ¿El Che Guevara? le preguntamos. "Sí, sí, el Che. Cuando el Che vino a Bolivia, todos los mineros teníamos la orden de ir al médico con cualquier pretexto. Decíamos que nos duele cualquier cosa, con tal de que el médico nos dé remedios, calmantes y cosas para el estómago. Igual íbamos a la pulpería y sólo sacábamos sardinas, atún, enlatados. Todo se iba a la guerrilla", relata y su pecho se infla de orgullo. ¿Todos los mineros debían colaborar con la guerrilla? le preguntamos. "No, los que quisieran, o sea casi todos", dice y sonríe.
Después nos lleva a la radio. Allí hay un micrófono de los años cincuenta, todavía intacto. Poco queda del esplendor de la radio. Quizá sólo lo que a duras penas pudo ser salvado, no sólo de las garras militares, sino del abandono y la desolación en que quedó después de la relocalización de los mineros.
Miramos la biblioteca. Tres estantes repletos de libros, donde se encuentran a la vista libros que llevábamos empolvados en la memoria. La Tesis de Pulacayo, El capital de Marx, El imperialismo en Latinoamérica, toda la serie de aquellos libros anaranjados, de Marx, Trotsky y Lenín, se encuentran allá. Para mí es como reencontrarme con una parte de mi vida, con amigos entrañables.
La radio, sin embargo, se encuentra en casi total abandono. Sólo algunos equipos, comprados por este Quijote de la radiodifusión minera, permiten que siga funcionando. Los mineros de antaño son los rentistas de hoy y a muy pocos –en rigor de verdad, ni a los dirigentes y mucho menos al Estado, empeñado ahora en hacer una nueva red de radios- les interesa sostener esta radio, a pesar de toda su historia.
"Casi no festejamos nuestros sesenta años", relata Félix Terceros. A la radio no la apoya nadie. "Sólo la red Erbol nos hizo el favor de darnos un pequeño proyecto con el que estamos sobreviviendo. Unos diez muchachos trabajan aquí, conmigo. Cada uno gana cien bolivianos y, por suerte, ninguno puede decir que le debo un peso", asegura Félix.
Tiene unos veinte años más que el otro Félix, pero sigue igual de comprometido que el primero.
En realidad, sólo su cariño hacia la radio hace que se levante a las cinco de la mañana, todos los días, a encender el equipo. Sólo ese cariño hace que compre discos Mp3 para difundir algo de música. Sólo ese cariño hace que acceda a darnos una entrevista y abrirnos de par en par su radio y su corazón.
Nos lleva al ambiente donde está el transmisor. Allí encontramos un anaquel lleno de esos carretes antiguos, con viejas cintas grabadas. "Hemos logrado que un antiguo trabajador de la radio haga funcionar el equipo que reproducía estos carretes para saber qué había y el equipo funciona, pero las cintas tenían tanto polvo que no se escuchaban", relata.
Sólo ese amor incondicional por la comunicación y por la historia de la radio que está a su cargo desde hace algo más de diez años lo obligó a pasar dos años de su vida limpiando esos carretes, para saber qué habían grabado los operadores de la radio en los años gloriosos.
"Limpiamos cada carrete, cada uno, primero con alcohol, pero nos dijeron que podrían arruinarse y nos recomendaron hacerlo con aguita mineral. Eso hicimos, y ahora ya hemos podido escuchar qué hay aquí…mire, este carrete, por ejemplo, tiene algunos discursos de dirigentes…Este otro, mire, tiene poemas de Jorge Mancilla –Coco Manto, nuestro actual embajador en México- recitados por él mismo…Pero éste es el mejor, mire, todo el relato de la Marcha por la Vida…"
Sin duda, en aquel estante se encuentra una parte invalorable de nuestra historia.
"Pero Félix, esto hay que hacerlo digitalizar, no es posible que siga así. Deberíamos buscar alguna manera", le decimos. "Sí, pues, es importante, pero ¿quién podría estar interesado? A mi me da miedo que se lo lleven y no lo volvamos a ver más y si ustedes pudieran ver la forma de digitalizarlo, sería bueno pues, para los que vienen, para que esto sirva, para que entiendan lo que fueron las radios mineras. Por eso yo limpié los carretes, dos años me costó”. ¿Dos años? ¿Se pasó dos años de su vida limpiando estos carretes? "Sí, porque había que limpiarlos y no se podían envolver inmediatamente, las cintas se pegaban, así que había que esperar a que se sequen, un trabajito fue. Todo es difícil, Daniela, sostener a la radio es difícil y encima uno tiene que aguantar la ingratitud, que la gente hable mal de uno, que no reconozca…Yo sé que nadie es profeta en su tierra y si yo estuviera seguro de que hay gente dispuesta a seguir manteniendo la radio, a defenderla y evitar que se muera yo me voy, pero no es así”, lamenta Félix. ¿Y a usted quién le paga por mantener a la radio? "¿A mí? Já, nadie", responde y los setenta años que le calculo se derrumban ante mis pies. Félix agacha la cabeza y llora. Las luces y la cámara lo enfocan. Fernando, el camarógrafo, me mira con los ojos vidriosos. Acabamos la entrevista. Nos ganó la noche. El minero de la plaza sigue allí, con el puño izquierdo levantado. El camarógrafo y yo estamos en silencio. Vamos a sentarnos un ratito, a ver si se nos pasa el bajón. Yo lloro para adentro, callo, y me pregunto por qué mierda los bolivianos no valoramos lo poco que nos queda.

3 comentarios:

Ergar dijo...

"Yo lloro para adentro, callo, y me pregunto por qué mierda los bolivianos no valoramos lo poco que nos queda"
Lo que si podemos decir, es que por lo menos, algo de justicia hiciste.
La mejor noticia sería saber que pudieron digitalizar esas cintas.

Daniela Otero dijo...

Pues sí, Ergar, es tiempo de buenas noticias. Esperamos tener, el 2008, todos esos carretes digitalizados. Se necesita un estudio de grabación y un mes, por lo menos, de cinco voluntarios para grabar el material.
Bienvenido hoy y siempre.

oquendo.dx dijo...

Hola Daniela,
Tienes mucha sensibilidad y buen estilo para narrar tus viajes. Tengo sabido que la Federación de Mineros está trabajando en la recuperación de la documentación de los sindicatos de los distritos mineros de Bolivia, tengo que imaginar que también serian las cintas de las distintas radios mineras que transmitieron su señal el siglo pasado, tu sabes algo?, estoy ansioso de saber que este proyecto ya esté en marcha.
Por lo pronto un abrazo.
Atento,
Angel