miércoles, 2 de abril de 2008

A ver si les creemos


Salió una nota hoy, en El Deber y lógicamente toda su red, en la que indígenas “de base” dicen no haber sido consultados para la declaratoria de autonomía de los pueblos indígenas del oriente.
El cinismo es una tropa y tiene nombres y apellidos.
José Urañavi, Marcial Fabricano, Fernando Chiqueno, comparten la monotonía cromática cerebral de Branko Marinkovic. Y no sólo eso, comparten el mismo prontuario de antecedentes delincuenciales y la misma cara dura.
Estos señores, fueron todos ex dirigentes indígenas y todos ellos tienen cuentas pendientes con su organización. Por eso fueron desconocidos como dirigentes y, por eso, cada vez que hablan en nombre de los indígenas, son desautorizados enfáticamente.
Vendidos a precio de ropa usada a las logias cruceñas, cuando les conviene se ponen el sombrero de dirigentes y cuando es más cómodo, se presentan como bases.
A veces, aparecen detrás de Rubén Costas, llevándole las charolas para el banquete logiero, a ver si les cae algo. Otras veces, aparecen en los medios, acompañados de los periodistas con los que comparten la limosna.
Ellos desconocen que la ética no se compra ni se vende. Es algo que viene con el ADN de cada uno. Tienen el cinismo de cuestionar una decisión que nos enseña a todos el camino: Autonomía, sí, pero en el marco de las competencias que establece la Constitución Política del Estado.
Autonomía, sí, pero sin división del país. Autonomía, en fin, para el desarrollo y no para el beneficio de los de siempre.
La decisión de la CPESC fue asumida en eventos orgánicos, con participación de legítimos dirigentes. No entre cuatro paredes, traficando dinero, poleras y sándwiches.
¿Y quieren hacernos creer que hubo una consulta para la aprobación de los estatutos autonómicos de Branko? ¿Van a decirnos en la cara que ese documento ha sido aprobado y conocido por los cruceños antes de la aprobación? ¿Qué consulta demandan?
En este tiempo de río revuelto, en el que algunos pescadores de pingües beneficios quieren presentarse como representantes de grupos sociales; en este tiempo, de confrontación e incertidumbre; en este tiempo de dudas y rechazos, los lectores y las audiencias ponen todo en tela de juicio. Es cierto que, a veces, eso perjudica al proceso de cambio. Pero la comparsa de limosneros no debería olvidar que la mayoría de los lectores y las audiencias es una masa amorfa, conformada por gente de carne y hueso, que trabaja y mantiene a sus hijos honestamente y no se cree sus cuentos, porque no es como ellos, que creyeron que vendiéndose a las logias tenían el futuro asegurado. El miserable salario que reciben los obliga a aparecer cada vez que sus patrones los demanden, cada vez que los directores de su orquesta instalen el telón, con una mesa, unos micrófonos y cuatro periodistas, obreros, como ellos, de la mentira.

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