jueves, 18 de septiembre de 2008

Las viejas lógicas





En diciembre, cuando ya se sabía que Evo Morales había ganado la presidencia, me solicitaron cooperar en la transición para el tema de Género. La idea era contribuir y diseñar una "agenda urgente" para los temas estratégicos de cada Ministerio. Es decir, estudiar cuáles fueron los proyectos, cuál era la orientación de esos proyectos y cuáles las políticas que se deberían modificar en la nueva gestión para garantizar que las cosas, esta vez sí, se hicieran de manera diferente.
No voy a hablar del resto de los ministerios, porque no me consta, pero en el caso específico de Género, la experiencia fue de terror.
Como mi casa era céntrica y tenía computadora e impresora, decidimos trabajar allí. Primero, hacíamos extensas reuniones en las que solicitábamos a las compañeras que nos dieran aportes, que hablaran con sus organizaciones sobre qué temas era necesario cambiar, qué cosas mejorar, etc. Pero llegábamos a la reunión y no había ningún aporte. Después, se conformó una comisión técnica y cinco compañeras que realmente queríamos hacer el trabajo que nos habían encomendado terminamos siendo las responsables de revisar todo, desde la estructura del ministerio hasta sus presupuestos, pasando por las políticas y los proyectos, la agenda urgente y las sugerencias para el nuevo gobierno. Cada vez que solicitábamos aportes concretos, la gente desaparecía, pero cada vez que alguien difundía el rumor de que en la reunión se definiría quién sería la nueva viceministra, mi casa reventaba de gente, la mayoría hombres sin ninguna posibilidad de ser viceministrAs de género.
Cuando lo de las designaciones estuvo definido -y aclaro que ninguna de las cinco terminamos en puesto alguno en el viceministerio de género, que entre otras cosas desapareció- comenzó la romería exigiendo certificados de asistencia a las "comisiones de transición". La peregrinación comenzaba a las seis de la mañana, cuando sonaba mi timbre y al abrir la puerta encontraba a algún compañero que me pedía, mejor dicho, me exigía, que le entregara el certificado, aunque jamás hubiera visto su cara y aunque, medio dormida, le explicara cientos de veces que yo no tenía idea de lo que me estaba hablando y que en mi casa no se emitían certificados de ningún tipo. Después ya eran grupos, delegaciones enteras, de gente que aparecía en mi casa exigiéndome certificados, hasta que los copropietarios del edificio se reunieron para expulsarme de mi casa.
Para mi suerte, el hostigamiento terminó cuando se supo que el Viceministerio desaparecería.
Hoy, después de casi tres años de aquella experiencia, la volví a sentir, cuando un hombre se me acercó agresivamente y me dijo: "Yo soy del instrumento político". Tuve que aguantar la risa y, muy seria, le respondí: "Yo también, es un gusto conocerlo camarada".
Y aquí están, exigiendo pegas, como siempre. Repitiendo viejas prácticas, como siempre.
Siempre igual. Los compañeros del instrumento y las viejas lógicas de repartija de botín.

8 comentarios:

Yo nomas dijo...

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Yo nomas dijo...

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Yo nomas dijo...

se notó que no te gustó mi comentario, por qué, te daba verguenza que algúno de tus amigitos zurdos intelectualoides se dén cuenta de tu lado oscuro, ese que busca enfrentamiento, sangre, venganza???

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Daniela Otero dijo...

Yo nomas:
Te invité varias veces a debatir, te reté a que me demostraras que miento, y no lo hiciste, porque no tienes otro argumento que el insulto. Yo no tengo lado oscuro, todo lo que pienso y siento está en el blog. Tener algo que ocultar el usar el blog de otro para promocionarse. Utiliza bien el tiempo que malgastas conmigo, compañero.

Daniela Otero dijo...

Y otra cosa: ¿No se te pone roja la cara de verguenza de que te pida que dejes de escribir en mi blog, como para pasarte por todas las entradas y suprimir tus propios comentarios? Qué deshonesto. Pretendes darte importancia haciendo creer a la gente que soy yo la que borró tus comentarios? Disculpa que te lo diga, pero qué patético eres!