miércoles, 24 de diciembre de 2008

Recuerdos


No sé por qué esta imagen me hizo recuerdo a la casa en la que vivía con mi abuela en Cochabamba. Será por ese verde hospital con el que les gustaba tanto pintar las paredes, o por la mecedora que me recuerda las viejas sillas de madera en las que solía sentarse mi mamá o quizá por la losa que me recuerda a la de la cocina en la que pasábamos tanto tiempo.
Lo cierto es que junto a esos lejanos recuerdos vino también una imagen de un árbol de navidad chiquito que hicimos con papel celofán verde y alambres y que no sabíamos cómo afirmar para que no se cayera, hasta que llenamos una lata de leche con piedras de todos los tamaños.
Es que con mi abuela todo era una aventura. A veces siento que le debo a mis hijos todo el tiempo que ella me dedicó. No me ven ahora, en mi oficina, contando los minutos para correr a la jungla del centro...En cambio con ella lo hacíamos todo con nuestras propias manos y a eso le debo saber cocinar, coser, pegar, construir, crear.
Si los grandes hacían un árbol de Navidad, mi abuela me ayudaba a construir uno para mis muñecas, a escala, exactamente igual que el que hacían los mayores. Si ella hacía pan, me construía un horno de barro para poner allí mis pancitos, diminutos, con el que despertaba la más grande de las envidias en todas mis primas. Si cosía un vestido, me entregaba los restos de tela para que yo hiciera uno igual, con el molde a cuestas, para mi Barbie. Así viví hasta los siete años, haciendo todo lo que hacía ella, pero en pequeñito.
Hoy miro los juguetes, encuentro que no dejan nada a la creatividad y llego a la siguiente conclusión: el mejor regalo que uno puede dar a los demás es tiempo. Tiempo para jugar, para escuchar, para bailar, para mirar.
Tiempo para ser y para hacer. Ese precioso tiempo en el que mi abuela me hacía creer que yo jugaba, cuando en realidad me enseñaba las más hermosas y útiles lecciones de mi vida.
Mañana posaré para que mis hijos me dibujen y los dibujaré a ellos también. Visitaremos todos sus sitios de Internet. Les cocinaré un rico Fricasé y comenzaré a pagar la gran deuda que tengo con mi abuela. Porque como leí por ahí, "la madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño".
Feliz Noche Buena y gracias por estar aquí. Un gran abrazo a todos.

2 comentarios:

miguel dijo...

Felicidades Danielita,
Que el 2009 sea un año de alegrías, para ti y los tuyos…
Gracias por escribir tan bien en este tu espacio.
MIGUELITO

Daniela Otero dijo...

Miguelito!
Hasta que al fin entraste a comentar! Muchas felicidades para ti también y espero que el 2009 te espere con la sorpresa que sabemos y que Caro y tú puedan seguir adelante. Un abrazo.